HISTORIA DE UN TRÍPODE PERDIDO…

El otro día fui, junto con mi primo, a grabar un vídeo corto de humor (yo los sigo llamando vine jaja…) a un sitio que me gusta mucho y que, justamente, ese escenario encajaba a la perfección en lo que buscaba.

Quería que se viera el mar junto con una “especie de acantilado”, representando un poco una escena de liberación. Como me enrollo mucho, aquí lo tenéis:

Cuando te quedas el primero, por fin, en #fortnite 🙌🏻🙅🏼‍♂️

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En fín… ¿Que pasó? 

Que decidimos que esa escena era mejor grabarla sin trípode, así que lo dejamos apalancado a un lado y mi primo me grabó “a pelo” (con sus manos vamos).

Entre risas, conversaciones… llegamos al coche y nos fuimos de allí. Luego, por la noche decidí que quería terminar ese vídeo grabando el plano de yo jugando al juego. Pero… ¿Y mi trípode?

Bajé de nuevo al coche, miré por todos lados y me vino el pensamiento de algo que no quería que hubiese ocurrido, para cerciorarme le pregunté a mi primo… Y efectivamente el iluminó nuestra tremenda torpeza.

 

 

Si, lo sé… Quizás pienses que no es para tanto, es más, hay trípodes como el mío por Amazon por poco más de 20 euros. Pero yo le tenía un cariño especial a ese trípode, llevaba conmigo años e imaginarme que se había quedado allí por, sobre todo, mi gran despiste… no me hacía especial gracia 🌝.

Una parte de mí quería creer que seguiría allí, pero recordé que ese día había sido Domingo y ese sitio suele estar frecuentado por gente para echarse el típico selfie o foto bonita. No juzgo, yo también lo he hecho, ese sitio me encanta pero yo lo utilizo más para despejarme e incluso meditar, las vistas al mar desde allí son increíbles.

No sé en tu país, pero aquí en España se lleva mucho la picaresca, he visto a compañeros dejarse un portátil en la biblioteca de la universidad para ir al servicio y luego… ¿Donde está mi portátil?

Una cosas a mi favor es que ese día había hecho muchísimo viento, sobre todo por la tarde, así que a lo mejor podría ser que esa zona no hubiese sido muy transitada 🤔

Al día siguiente, nada más despertarme, me puse en marcha hacia allí. Yo suelo ir al gimnasio super temprano, pero una parte de mí quería creer que mi trípode aún seguía ahí… así que preferí dejar esto de lado porque podría pasar que alguien sacara al perro a pasear, se lo encontrara y…

Pero ¿sabéis que?

A veces, aunque nuestra puñetera mente nos inunde de todo lo negativo hay que dejarse llevar y no dejar de pensar en esa pequeña posibilidad de que todo va a salir bien y un final feliz siempre es posible. Sí, se que esto no es para tanto, pero podríamos aplicarlo a muchas facetas de nuestra vida diaria donde lo tóxico parece que se tenga que normalizar.

PD: Pedazo de amanecer que tuvo que ver mi trípode…

Foto no retocada (lo juro)

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